lunes, mayo 05, 2008

LEAVING LAS BRAGAS


Aquel popular dicho (casi podria jurar que mexicano), que de pronto usamos para restarle merito al esfuerzo personal y designarle la ayuda de la diosa fortuna a su aficion por la mugre, y que reza 'que suerte tienen los que no se bañan' , digamos que me dio licencia de no bañarme la noche del sabado y solo embarrarme un poco de desodorante para salir a buscar un par de miles de dolares al casino del Bellagio.

Con la ansiedad de un puberto en burdel, me fui sin cenar y atropellando gente por la banqueta. Llegue y casi como si me estuviera esperando, una fina mesa forrada de terciopelo verde, tenuemente iluminada por la provocativa ambientacion me dio la bienvenida. Traia mis pantalones japoneses y el dealer tenia los ojos razgados. - Ya chingue, dije para mis adentros.

Cambie el unico billete de 100 dolares que habia guardado de las noches anteriores. Deme de cinco le dije en mi latin style english.
El resto de los incautos aficionados a la fe que componian la mesa estaban bastante emocionados. Estaba la pareja de recien casado, pense que si ella fuera mucho mas atractiva y tuviera 40 kilos menos, Robert Redford podria ofrecerle un millon por pasar una noche con el. Habia un mexicano que se parecia a Kawachi, si hubiera sido algo del fantoche boxeador estaria en las mesas fuertes, no en las baratas. Un judio que como yo, se la llevaba de 10 en 10. Y una septuagenaria que elegantemente vestida cambio 200 dolares y apostaba de 25 en 25.

Contrario al dia anterior, el primero lo perdi. Sin embargo, eso no ceso mis animos de jugar.
La tonica de la siguiente hora fue mas o menos igual, de pronto ganaba uno y perdia 3. La señora de las 7 decadas en cambio, ganaba como si supiera lo que le fuera a salir.
Perdi casi todo, me quedaron 20 en fichas y 80 en la cartera. Esos ultimos eran el taxi y la comida de mi ultimo dia.
Me levante y me fui a caminar.

A los 20 minutos regrese y cambie el resto del baro que me quedaba. Chingue su madre, si me falta a ver quien me presta.
En la nueva mesa, un negro era el dealer. Me sente, y empece bajo el mismo camino. Perdia, ganaba. Perdia y perdia y ganaba alguno. Estuve en 15 cuando llego de nuevo la señora. Ella creia que yo le daba suerte y yo que ella me la quitaba.
Cambio sus 200 y entonces la historia cambio.

Empece a ganar y ganar. Mis 15 se hicieron 175 y cuando debia de haberme salido me quede. La mujer que iba perdiendo casi todo me veia extrañada. Yo me quede porque sabia que debia seguir apostando. Ella empezo a ganar. Yo a perder.
Ni madre, dije. Me debo ir de esta mesa con saldo positivo. Mis 80 nadie me los va a quitar.

Despues de un rato traia 82 y ella como 400.
Vi el reloj. Las 5 y media.
Me levante, desee buena suerte y me fui.
Detras de mi se salio la señora. El latino pelon que estaba dandole suerte se habia ido con el animo no tan mayugado, y era preciso igual que yo, que ella dejara la mesa.

Al final la experiencia resulto mas peligrosamente adictiva de lo que parecia inicialmente.
Quizas deje algunos dolares en las mesas de Black Jack, pero me traje sin duda un nuevo vicio al que debilmente ire cayendo a lo largo de mi vida.

Por aquello de las quejas sonoras, aca les dejo una rolita que aplica para la ocasion. La memorable en la que este charro postmodernista se largo a las vegas y aposto para perder, sin saber que al mismo tiempo... al mismo tiempo algo estaba ganando (este ultimo renglon hay que leerlo como David Faitelson para que tenga sentido).

Seguiremos reportando...

1 Comments:

Blogger Fraga said...

Qué buen rollo mi platinado enmascarado, me tenias al filo del blog jejejejeje

abrazotes compa!!!!

4:00 AM  

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